viernes, marzo 23, 2007

Los pasos de la degustación de un caramelo mu-mu o Dulcilac


Primer mordida: el caramelo, sin partirse, rellena todos los huecos posibles entre una muela y otra, relegando el grueso de su masa caramelil hacia el paladar y hacia el espacio entre la encía y el cachete. Si se separa la mandíbula el caramelo ahí queda, sin soltarse. A veces es necesario soltarlo con el dedo.

Segunda mordida: una vez acomodado, el caramelo vuelve a repetir su adhesión masiva, pero esta vez está un poco más blando y puede despegarse con movimientos algo bruxísticos del maxilar (como un rumiante).

Tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima mordida: puede haber desprendimiento de arreglos dentales. Atención si al masticar se perciben partículas duras en el caramelo. En ese caso se deberá consultar en pocos días al dentista, perdón, odontólogo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Para mis amigos

Si Ud. es una persona como yo, de esas que suelen pensar en las causas del devenir de la historia cuando se aburre, y sólo si se aburre, se preguntará – como tantos otros- porque no hay más viajes a la luna. Bueno, después reflexionar por un largo tiempo, he llegado a la conclusión de que el hombre no pisó la luna por segunda vez, porque ya no cree en las utopías. Pensará de qué manera he llegado a este loco desenlace.

Para desenmarañar esta premisa es necesario hablar de la sociedad moderna: una compleja y violenta novela policial que uno incansablemente y al borde del absurdo, intenta convertir en la delicada y romántica narración de un Corín Tellado. Porque admitámoslo: en el fondo todos somos un poco cursi.

Ahora bien, los analistas posmodernos se empeñan en asegurar que esta sociedad ha perdido los valores. En cambio, yo prefiero hablar del “corrimiento” de los mismos como algunos sociólogos hablan del Estado. ¿Corrimiento de los valores?- se preguntará. Si, corrimiento de los valores. Porque el amor, la bondad, la lealtad, la sinceridad, la justicia, la necesidad de crecer, la libertad y el respeto – por nombrar algunos-, no perdieron monta. Pero al igual que Kafka en “La Metamorfosis”, sufrieron una profunda y crítica transformación.

Me preguntará que pruebas tengo sobre mis afirmaciones. Bien: basta tomar la edición más actual del matutino para acreditarlo, o fijar su atención en la cantidad de nuevas figuras musicales que le cantan al amor, o a la oscura e irremediable muerte.

Ahora volvamos a las utopías. ¿Qué son las utopías sino ese deseo profundo de que algo que parece inalcanzable, se vuelva realidad? ¿No es romántico el deseo de vivir en una sociedad mejor? Por ejemplo, rememore: ¿En qué fecha se celebra el Día Internacional del Amigo? -“Cada 20 de julio -me responderá- en honor al día en que los hombres superaron las desatinadas barreras del egoísmo, credos y razas para lograr objetivos comunes. Y llegaron a la luna.

La pérdida de sensibilidad social, nos convierte en seres funestos y fatídicos. Hombres sin amigos, sin sueños, deseos y utopías. Nuestros valores nos definen, nos dicen que somos capaces de construir. No permitamos que la locura de pocos transforme nuestras ganas de crecer… Sólo el que ama es capaz de crecer.
Gracias amigos porque ustedes son mi esencia.

Nuni

LARITEN dijo...

Querida Nuni, casi me hacés llorar. Te quiero mucho y gracias ¡gracias! por sorprenderme por este inesperado medio con este derroche de buena letra, sentimientos y "banca".

lucasb. dijo...

probaste masticar de una un caramelo media hora? es la mejor manera de deshacerte de un diente flojo, incluso de uno firme, ja!
ahí se ven

Javier dijo...

tengo un extraño juego medio sado con eso de que el caramelo se me meta en las muelas, me paso horas sacando y metiendo mi lengua después entre las muelas. no sé si tiene algo de depravado, pero prefiero mi lengua ahí que un pedazo de madera.
saludos

Lolo Lontananzo dijo...

De chico solía ser un adicto a esos caramelos. Un goloso total, lo que se dice.
Me gastaba toda mi mesada (?) en los de dulce de leche, los que traían chocolate... en fin, toda la gama posible de caramelos enchastrosos.
Hasta que me agarró el dentista. Me torturó con el torno y me puso coronas de no sé qué metal por el estado deplorable de mi dentadura.
Lamentable.

Les agarré odio, o resentimiento, que se yo. Ahora veo una vaca y lloro. Triste.

Meru dijo...

De todos modos son ricos!

Yo no los muerdo ::$



(si, tenía que confesarme...)


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Anónimo dijo...
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